Francisco Coloane
Isla Grande de Atacama
Lafken Mapu Lahual
CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD MARINA: el desafío de las regiones
Columna de opinión de Roberto de Andrade y Miguel Moreno, proyecto Gef Marino


Chile, país dependiente de sus recursos naturales, tiene una gran vocación pesquera gracias al nivel de productividad sin precedentes de su litoral, que proporciona una dinámica actividad económica a escala artesanal e industrial y brinda empleo y renta a gran parte de su población. Si a esta actividad se suma la acuicultura, que ha encontrado en las costas chilenas un ambiente ideal para su desarrollo, cabe concluir que Chile es un país privilegiado y bien dotado desde el punto de vista alimentario. Queda claro entonces que el mantenimiento mínimo y el manejo eficiente a largo plazo de hábitat, especies, ecosistemas y biodiversidad marina en general, como insumos de los servicios ambientales empleados por la sociedad, constituyen una tarea sumamente relevante y coherente con propósitos de país tales como el desarrollo sostenible, el bienestar y la equidad social.

Actualmente, con arreglo a la Ley de Pesca, existe una red de reservas y parques marinos administrados por el Servicio Nacional de Pesca. En ese marco, el Proyecto GEF Marino se ha establecido con el propósito de complementar el subsistema de áreas marinas y costeras protegidas, para lo cual se crearon tres áreas piloto en tres regiones del país: una en la Región de Atacama (Isla Grande de Atacama), otra en la Región de los Lagos (Lafken Mapu Lahual) y otra en Magallanes y Antártica Chilena (Francisco Coloane). La forma de administración de estas áreas tiene componentes innovadores, como la participación de organizaciones público-privadas, cuya creación debería estar a cargo de los respectivos gobiernos regionales. En efecto, se pretende que los gobiernos regionales asuman la tutela de sus territorios y definan por sí mismos y de forma directa cómo conservar su patrimonio natural.

Sin embargo, pese a las gestiones realizadas hasta la fecha, no se ha logrado que dichos gobiernos asuman debidamente esta tarea; indiscutiblemente, se trata de un desafío para el futuro, dada la importancia de descentralizar la gestión de la conservación de la biodiversidad marina. Cabe entonces preguntarse: ¿cuál es la razón por la cual no se ha conseguido descentralizar esta gestión?, ¿por qué los gobiernos regionales no han asumido dicha tarea?

Quizás el bajo nivel de preparación técnica, la poca transversalidad de los temas ambientales, el exceso de voluntarismo, la falta de capacidad de trabajo en equipo o la costumbre arraigada de que las decisiones se toman a nivel central sean las causas principales que inhiben avances sustanciales en la toma de decisiones regionales en materia de recursos naturales. Es altamente probable que haya que esperar otro momento social, económico y político en Chile para que el centralismo dé espacio a un modelo de gestión regional mucho más directo y eficaz.

El Proyecto GEF Marino, al promover la creación de unidades de administración público-privadas, abre una puerta para que los gobiernos regionales realicen una gestión efectiva de sus territorios y de su biodiversidad. Al mismo tiempo, al coordinar de manera adecuada la política de uso del borde costero, se presentan las condiciones propicias para el ejercicio de la planificación del desarrollo regional. Así pues, las áreas marinas protegidas no deben considerarse un elemento que entorpece las labores de los gobiernos regionales, sino una oportunidad para fortalecer los equipos técnicos y las políticas públicas tendientes a lograr el desarrollo local.

Por cierto, toda innovación es lenta y muchas veces no encuentra eco en las autoridades; sin embargo, es preciso tener altura de miras y entender que la planificación integrada del territorio y la incorporación de todos estos elementos en la estrategia de desarrollo regional contribuyen a promover a largo plazo la actividad económica, que a la larga beneficiará a todos los actores en su justa medida.

La propuesta de conjugar actividades de turismo de intereses especiales con la conservación marina abre un nuevo horizonte para la consolidación de la actividad turística en el país. Esta es la única forma de que Chile de una vez por todas mire su mar de frente y vea en él una oportunidad de crecimiento de actividades que sean compatibles entre sí. La inclusión de nuevos espacios para la recreación, donde las personas puedan ir a disfrutar de las bellezas paisajísticas y de los sabores y aromas del litoral, posibilita una mirada distinta de los ecosistemas marinos y costeros, lo que a la vez contribuye a construir una cultura que considere en la toma de decisiones a los diferentes actores.

Cuando se habla de conservación, es preciso tener presente el largo plazo. Los beneficios de corto plazo son efímeros, por eso es fundamental que las autoridades que velan por el desarrollo regional asuman un papel más protagónico y acepten el desafío político que significa crear y administrar de forma eficiente las áreas marinas y costeras protegidas. Se trata de una responsabilidad ineludible y necesariamente prioritaria, por lo que se deben definir urgentemente los mecanismos que promuevan una institucionalidad funcional, que permita la conservación del patrimonio de todos los chilenos.

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