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La costa chilena y su mar territorial reciben la constante influencia de diferentes corrientes marinas, las cuales se diferencian de acuerdo a su temperatura, profundidad y dirección. Asimismo, acogen surgencias; aguas que emergen de las profundidades cuando los vientos empujan las aguas superficiales.
Estos fenómenos, junto con la diferenciada topografía y morfología de nuestro litoral, han dado origen a diversos ecosistemas y numerosos habitats que albergan una enorme cantidad de vegetales y animales, los cuales han constituido la biodiversidad marina y costera en Chile.
Muchas de estas especies son endémicas, es decir, son únicas en nuestro territorio, por lo que representan a nivel mundial un valor inigualable y un precioso capital en sí mismo; por lo tanto, debemos conservar y gestionar nuestra biodiversidad asegurando la equidad intra e intergeneracional en su acceso y en los favores que ésta otorga.
Estos antecedentes llevaron al Gobierno de Chile a promover una serie de iniciativas relacionadas con la protección de nuestras costas y mares, por lo que en diciembre de 2003, fue aprobada la Estrategia Nacional de la Biodiversidad en respuesta a la ratificación por parte de Chile, del Convenio de la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas en 1994.
Así nace el proyecto "Conservación de la biodiversidad de importancia mundial a lo largo de la costa chilena". Este plan corresponde al compromiso con la conservación de los recursos marinos y costeros, la optimización de las asociaciones público-privadas y la gobernabilidad local; y el fomento de actividades productivas sustentables que incrementen el desarrollo económico local; entre ellas el turismo de naturaleza.
En este proyecto, participan el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (Global Environment Fund GEF), como agencia co-financiadora del proyecto; el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), como agencia implementadota, y la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA), como agencia coordinadora.
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