Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA - 2008)
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Política Nacional de Áreas Protegidas (PNAP)

La PNAP apunta a la creación e implementación de un Sistema Nacional de Áreas Protegidas, el cual permitirá armonizar los objetivos de protección de ecosistemas relevantes, con el desarrollo económico del país y la mejor calidad de vida de sus habitantes, integrando eficazmente los esfuerzos públicos y privados.

Esta política, constituye el marco orientador para la concreción de una estrategia de gestión de las Áreas Protegidas, bajo un enfoque moderno y efectivo de conservación de la naturaleza, en un escenario de crecientes expectativas en esta materia tanto locales como internacionales.

Las Áreas Protegidas (AP) juegan un rol importante en esta tarea. Un país que crece sustentablemente debe asumir sus espacios naturales como oportunidades, que junto con cumplir funciones ambientales indispensables, son parte activa de la economía, generando ingresos y empleos para las comunidades locales y para el país. Por ello, la Política debe ser la base para conducir adecuadamente la integración de las AP al proceso de desarrollo del país. Todas las actividades productivas asociadas a la explotación de recursos naturales se relacionan estrechamente con los ecosistemas naturales.

Así, la actividad minera es muy dependiente del agua, elemento articulador de la vida en los ecosistemas propios de la zona norte del país, que constituyen sumideros de agua de la cuenca. El agua se filtra hacia los acuíferos y se retiene en los humedales altoandinos, posibilitando la vida de las especies y la actividad humana, incluida la minera. La piscicultura, en el sur de Chile, requiere agua de ríos y lagos de buena calidad ambiental para el crecimiento de las especies en sus etapas juveniles y de la calidad del mar en su etapa adulta.

De igual modo, los asentamientos humanos requieren de agua y aire de buena calidad, elementos vitales que son proporcionados por los sistemas naturales. Esos mismos sistemas ayudan a mitigar los impactos de fenómenos naturales adversos como plagas y enfermedades, además de realizar la descomposición de los residuos e influir sobre el clima.

Las AP ayudan a que los ecosistemas terrestres y acuáticos funcionen. Las alteraciones que se provocan en los ecosistemas naturales se mitigan o están ausentes en las AP. Esas áreas mantienen, en diverso grado, según sean las restricciones a la actividad humana que las caracterice, los procesos naturales iguales o cercanos a lo que originalmente fueron.

En todas ellas existen hábitat o especies protegidas, que permiten que los procesos naturales ocurran y, con ello, se beneficien las actividades productivas y los asentamientos humanos. En un territorio continental y marítimo cada vez más intervenido, las AP son necesarias para garantizar que los ecosistemas mantengan sus funciones. En casos como los ambientes dulce-acuícolas o marinos, las AP pueden ser los lugares donde se garantice la reproducción y crianza de los ejemplares, que son objeto de interés para consumo o turismo.

Chile es privilegiado en relación con la variedad y singularidad de su patrimonio natural. Es un país extraordinariamente diverso en ecosistemas por tener una geografía que se extiende desde muy al norte hasta muy al sur en latitud y con gran diferencia de altura desde cordillera a mar y de su borde hasta aguas internacionales. Tenemos altitudes sobre 6.000 metros y profundidades inferiores a 8.000 metros bajo el mar.

Desde ese punto de vista, las AP constituyen una enorme riqueza ecológica y una gran oportunidad de desarrollo. Son reservas de nuestra diversidad natural, biológica y cultural, fuentes de múltiples beneficios para las comunidades locales y para la población en general, dueñas de una extraordinaria belleza paisajística y geológica, foco de diversas oportunidades de desarrollo sustentable y, a la vez, espacios de alto valor para la investigación, la educación ciudadana y el forjamiento de una conciencia ambiental madura.

Documento: Política Nacional de Áreas Protegidas

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